Afán de superación, instinto de supervivencia

Te voy a contar una historia, la que he vivido muy de cerca. Como siempre todo cambia en un instante. Y lo hace silenciosamente, sin darte cuenta. Un día sin más te encuentras conduciendo por una carretera desconocida. Delante de ti un cambio radical. Detrás quedan esos días construidos de rutina. Tienes miedo y al mismo tiempo todo el coraje del mundo para empezar esta aventura.


María llevaba casada toda la vida. En aquella época las mujeres hacían eso, casarse y dejar el trabajo. Dedicarse a criar hijos y tener la casa limpita.

 

Un día sin que ella se diera cuenta se divorció. Se encontró con tener que inventarse una nueva vida. Y lo hizo. Estuvo algunos años realizando un proyecto, creó una empresa. Sin saber nada más que de niños, casas y conversaciones entre mujeres igual que ella se lanzó.

 

Todo quedo atrás. Hizo crecer una empresa dedicada al diseño, fabricación y distribución de moda. Aquello durante algún tiempo fue tan, tan bien, que llegó mucho más alto de lo que se hubiera podido imaginar en el mejor de sus sueños. Sólo comentarte que hasta consiguió ser reconocida entre los mejores. Y hasta salían de vez en cuando reseñas en revistas. Creció y creció, tanto que se le fue de las manos. 

 

Lo más difícil es hacer crecer una empresa, pero más aún es saber mantenerla. Después de tanto esfuerzo llegó un día que acabó por cerrar. Y con ello se escapó un poquito más de sí misma.

 

Pero no te creas que esta historia va de eso. De lo que le pasó con ese proyecto. ¡Qué va! Lo más importante es lo que pasó después. Estuvo algún tiempo pasándolo realmente mal. Pero mientras habló con todas las personas que conocía de su época anterior, de cuando tenía su empresa. Intentaba que alguien le diera un trabajo.

 

Un día sonó el teléfono. Lo tenía. Pero no todo resulta siempre fácil. La vida siempre nos complica las cosas más de lo que quisiéramos. El trabajo, el único trabajo estaba a 500 km de donde ella había vivido toda la vida. Recuerda, esa vida de una mujer de esa época. Le echo todo el coraje del mundo. Se fue, sola.

 

A su edad, a sus 57 años. Llenó el coche con todo lo que le cabía, su vida empaquetada en el maletero, y condujo por una carretera desconocida, a un sitio que no había estado nunca. Allí sólo la esperaba un trabajo, nada ni nadie más. Tuvo que aprender a vivir de otra manera, al fin y al cabo nos pasamos el tiempo aprendiendo, y aunque no nos demos cuenta evolucionando.

 

Después de aquel trabajo vinieron otros, pero por azar o por no se sabe qué razón no eran cerca de su casa. Siempre fuera, lejos, muy lejos. Varios años, muchos. Se le hicieron eternos. Siempre echaba de menos a su gente. 

 

Te preguntarás de quién es esta historia. De alguien muy cercano te decía, mi madre. Quería compartirlo contigo porque está claro que es una persona fuerte aunque en ningún momento se lo ha creído. En esto de iniciar un proyecto, una empresa, siempre hay que tener el coraje de hacerlo. Aunque a veces te veas en ese camino sin remedio, o eso te crees porque también es una elección.

¿Tienes una experiencia parecida? ¿Conoces a alguien?

Cuéntame, estoy deseando oírte, espero tus comentarios.


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